LA HABANA (Cuba)
La catedral de estilo barroco, es considerada de la corriente toscana, por sus dos torres campanarios laterales, su templo froma un rectángulo de 34*36 m, que posee tres naves y ocho capillas laterales, divididos por gruesos pilares. El piso es de mármol blanco y negro. Las esculturas y los trabajos de orfebrería del altar así como del altar mayor estuvieron a cargo del italiano Bianchini, las mismas fueron ejecutadas en Roma en 1820 bajo la dirección del afamado escultor español Antonio Solá. Tras este altar se observan tres frescos originales del pintor italiano Perovani. Las pinturas interiores fueron realizadas por el pintor francés Jean-Baptiste Vermay. Entre las varias capillas que alberga se encuentra la de Nuestra Señora de Loreto, consagrada por el obispo Morell de Santa Cruz, en 1 755, antes de la transformación en catedral, de la antigua parroquia jesuita, tiene una entrada independiente. Su cúpula que queda por debajo de las torres laterales, es visible desde los edificios aledaños con un intenso color naranja.
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El museo cuenta con un nutrido conjunto de diferentes tipos de rejas que permite apreciar la diversidad de diseños y de funciones -guardavecinos, portafaroles y verjas, así como las distintas técnicas de fabricación de los siglos XVIII y XIX.
El Museo de Arte Colonial de La Habana radica en una de las edificaciones más sobresalientes del conjunto arquitectónico que rodea a la Plaza de la Catedral en La Habana Vieja.
La añeja casona posee una larga historia de ocupantes que comienza en el año 1622. Más de un siglo después, en 1726, estaba en posesión de ella su más importante propietario: el Teniente Coronel don Luis Chacón. A partir de entonces, se inician numerosas ventas del inmueble entre enriquecidas personalidades de la ciudad.
Tras varios procesos de restauración, en 1969 se inaugura como museo, con lo cual se cumplían dos grandes anhelos: preservar un importante monumento histórico-arquitectónico y abrir las puertas a una nueva fuente de conocimientos sobre la cultura nacional.
Una de las colecciones más importantes del museo es la de vajillas de los siglos XVIII y XIX. El uso de esas piezas formó parte de las costumbres de las familias cubanas en la época colonial y constituyó un rasgo distintivo para la aristocracia del país. Su gran variedad estilística, su originalidad y sus diseños denotan el lujo y la ostentación que caracterizaron a una clase social imitadora de las modas imperantes en Europa.
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| Este tipo de taza servia para beber los hombres que llevaban bigote |































































